domingo, 11 de septiembre de 2011

La mano de los homínidos antiguos.


Mano de Australopithecus seciba. Fuente: Science.


La mano de los Australopithecus, presenta caracteres plesiomórficos de los primates arborícolas, longitud extrema, curvatura de las falanges, falta de oposición del pulgar, lo que indica que debido a su bipedismo incompleto se utilizaba para trepa y braquiación. Estas características desaparecen en el Paranthropus, con un bipedismo completo. Puede que debido a esto el Paranthropus pudiera utilizar piedras sin labrar o huesos de otros animales para romper otros huesos en sus actividades de carroñeo. Según Susman (1988) el pulgar de Paranthropus tendría una forma similar a la humana.
En 1994 Susman publicó un estudio comparativo de los pulgares. El agarre de precisión, necesita pulgares largos, dedos fuertes y músculos capaces de moverlos. Sostiene que hay una diferencia notable entre los pulgares del A. afarensis, semejantes a los de los chimpancés, y los del resto de homínidos fósiles. Los parántropos seguirían siendo candidatos a la autoría de herramientas.
-       McGrew (1995) recuerda que los chimpancés son capaces de llevar a cabo agarres de precisión.
-       La relación entre el tamaño corporal y la longitud del metacarpo se solapa en el caso de gorilas y humanos.
-       Aiello (1994) apuntó que el agarre de precisión no puede relacionarse solo con músculos potentes en los pulgares. Son necesarios pulgares de una longitud similar a la de los demás dedos y modificación de la posición de los dedos cuando se toman objetos esféricos. Estas dos características están presentes en el A. afarensis. La morfología del pulgar por sí sola no puede servir de argumento a favor de la construcción de herramientas.
Tracy L. Kivell et al (2011), tras estudiar un fósil de mano (MH2) concluyeron que A. sediba era capaz de agarrar objetos, por lo que le sería posible fabricar herramientas líticas.

Si la diferencia fundamental entre los australopitecinos y el Homo habilis era la capacidad de este último para construir herramientas, cada vez parece más evidente que los Homo de cabeza pequeña deberían estar incluidos dentro del género Australopithecus.

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