viernes, 9 de septiembre de 2011

Ingres. Odaliscas, venus, bañistas y sultanas.

Ingres. Bañista de medio cuerpo, vista de espaldas. 1807. Bayona, Museo Bonnat.

Ingres. La bañista de Valpinçon o La gran bañista. 1808. Paris, Louvre.
Ingres es un precursor de la deformación en la línea. 
La bañista de Valpinçon fue pintada en Roma en 1808. El espectador es un voyeur de un espacio íntimo al que accede gracias a que el cortinaje está plegado (podemos imaginar que por la propia bañista para que la contemplemos). El cuerpo de la bañista parece armonioso, serenamente bello,  pero si lo examinamos con detalle es un cuerpo extraño, sin articulaciones ni huesos. Las líneas fluidas contornean una anatomía desproporcionada: el hombro derecho demasiado caído, la parte inferior de la espalda demasiado larga...
El pincel de Ingres persigue la gracia hasta llegar a hacer de sus seres monstruos, Para él, la espalda nunca es lo suficientemetne oblonga, el cuello suficientemente flexible, el muslo nunca es bastante liso. Paul Valéry. 1814.
Otra característica reseñable, es la presencia del pañuelo turbante, que medio oculta el pelo y que es una constante en los desnudos orientalizados de Ingres.

Ingres La gran odalisca. 1814. París, Louvre.
La gran odalisca fue pintado en Italia por encargo de Carolina Bonaparte, reina de Nápoles. Ingres inicia una temática exótica que habría de popularizarse años más tarde. Al igual que en La bañista de Valpinçón, la deformación de la línea para darle fluidez, incrementa el erotismo y voluptuosidad de la escena a lo que contribuyen las caderas ampulosas de la odalisca, los largos brazos sugestivamente envolventes y la mirada que dirige al espectador (¿de interrogación, de sorpresa, de invitación, de rechazo...? Por los bocetos preparatorios, sabemos que Ingres partió de una figura totalmente naturalista y la deformó con toda intención.
Ingres. Venus reclinada. 1822. Baltimore, Walters Art Museum.




Ingres. La pequeña bañista Interior del harén. 1828. París, Louvre.

Ingres. Odalisca durmiendo. 1830-40. Londres, Museo Victoria y Alberto.


Ingres. Odalisca con esclava. 1842. Baltimore, Galería Walters.

Ingres. Venus Anadyomena. 1848. Chantilly, Museo Condé.

Ingres La fuente 1820-56. París, Louvre.

La forma de pintar de Ingres fue muy criticada, quizá por ello en su madurez, Ingres intentó aproximarse al ideal clásico. En Venus Anadyomena y La fuente, las mujeres son cuerpos perfectos pero a la vez carentes de erotismo.

Ingres El baño turco. 1863. París, Louvre.
Ingres. El baño turco. Detalle. 1863. París, Louvre.


Ingres. Estudio para El baño turco. 1863. Montauban, Museo Ingres.

A los 83 años, Ingres termina El baño turco. Con este cuadro, Ingres termina su carrera siendo fiel a sí mismo y vuelve a utilizar las deformaciones para acrecentar el erotismo y la voluptuosidad. Fue pintado para el príncipe Napoleón, quien lo rechazó por ser demasiado explícito. La adquirió un diplomático turco residente en París.
La escena refleja una descripción de Mary Wortley Montagu, quien visitó algunos harenes de Constantinopla que debió excitar la libido de Ingres que añadió sus fantasías artística a las eróticas para pintar un cuadro totalmente transgresor: La figura reclinada de la izquierda, añadida a la composición inicial, rompe la tridimiensionalidad y desentona por su naturalismo con respecto a la ampulosidad oriental del resto de las mujeres que recuerda el arte hindú.





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