sábado, 10 de septiembre de 2011

Somos supersociales por naturaleza.

El cerebro humano está diseñado para poder relacionarse con 150 personas aproximadamente. Esta cifra –conocida como el número de Dunbar– se repite a lo largo de la historia y atraviesa todas las culturas.Eduard Punset ha charlado con Robin Dunbar, profesor de antropología evolutiva de la Universidad de Oxford, para entender cómo la evolución ha forjado nuestra manera de relacionarnos con los demás y descubrir los entresijos de la especie más social de las que habitan el planeta: la nuestra.




El cerebro evolucionó para permitirnos organizar las relaciones con los demás. Las especies que establecen vínculos permanentes de pareja tienen un cerebro mayor. Los primates han aprovechado esta propiedad para las relaciones grupales. Para los humanos existe un límite de 150 individuos con los que otro determinado puede establecer relaciones.

En la entrevista se menciona también el papel del tacto, del acicalamiento. Tocarse es muy importante para las relaciones entre los primates. Es la vía de comunicación más sincera e íntima. Otra forma de comunicación es la risa, que une a los que se conocen poco. Dunbar piensa que la risa nació en grupos demasiado grandes para poder mantenerse en base al acicalamiento. La risa puede unir a 5 o 6 individuos a la vez, lo que es imposible con el acicalamiento. El lenguaje puede realizar un papel complementario. Se  menciona el papel social del cotilleo.

Se examinan además los criterios de elección de pareja, más complejos en las mujeres, y que buscan la presencia de mejores genes junto con otras consideraciones de tipo social, como la riqueza del varón.
También se reflexiona sobre las razones de que en los varones una altura elevada constituya una ventaja social mientras que en las mujeres no.

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