sábado, 26 de marzo de 2011

Salsa. Una historia de La Fania.

Documental de la CPB sobre el origen de la salsa y la historia de La Fania, dirigido por Jeremy Marre.


El documental nos sitúa en 1960, en el este del barrio de Harlem, Nueva York (El Barrio). Más de medio millón de latinos, la mayoría puertorriqueños, habitaban en la ciudad. La salsa se convirtió en parte de su identidad. Los latinos crearon su propia versión del rhythm and blues y el rock and roll: lo llamaron boogaloo. Surgió una oleada de músicos jóvenes.


Uno de aquellos músicos jóvenes era Willie Colón. Firmó a los 16 años con una discográfica, La Fania de Johnny Pacheco y Jerry Masucci, que le asignó un cantante: Héctor Lavoe. Willie y Héctor trabajaron juntos durante 8 años. Su primer disco, El malo, fue un éxito.
La Fania atrajo a los jóvenes latinos en busca de una identidad.


Izzy Sanabria plasmó en sus portadas la marginalidad de los artistas de La Fania. Willie fue alejándose del boogaloo y acercándose a las raíces latinas, aprovechando las facultades de Héctor, el más popular de los cantantes de La Fania, un puertorriqueño del campo. La combinación del Bronx de Willie y el campo de Puerto Rico de Héctor, triunfó. A principios de los 70, Willie se decantó por la música jíbara, del campo de Puerto Rico, en un disco de Navidad (Asalto Navideño) para el que contó con el cuatro de Yomo Toro. El disco abrió a La Fania los mercados de sudamérica. Cuando pasaron por Panamá, conocieron a Rubén Blades, profundamente impresionado por la salsa.


El concierto en el Cheetah disparó a La Fania. Una de las noches mágicas de la historia de la música. La noche en que verdaderamente nació la salsa: un sonido de Nueva York. Una tremenda orquesta con seis vocalistas. Y la salsa era la esencia del alma de la juventud latina de Nueva York, era algo que les pertenecía (y no tenían mucho).


El concierto fue difundido en la película Nuestra Cosa Latina, que llenó los cines y cambió la industria. Jerry Masucci sabía lo que el público quería escuchar y se lo daba; en la otra cara de la moneda, exprimía a los autores e intérpretes hasta el punto de que el mismo Tite Curet, el mejor compositor de La Fania, tenía que trabajar de cartero.
Larry Harlow, de familia judía, se vio seducido en su juventud por la música latina de la calle. La Cartera fue el primer éxito de Larry.


Masucci quiso hacer una segunda película y alquiló para ello el Yankee Stadium,, arriesgando su dinero para garantizar la conservación del césped. 40.000 espectadores bajaron hacia el campo e invadieron el escenario y Jerry pensó que perdería su dinero. Héctor no pudo actuar y Masucci tuvo que organizar un nuevo concierto en Puerto Rico para que Lavoe pudiera aparecer en la película. En Puerto Rico La Fania presentó a Celia Cruz. La película se llamó Salsa y pretendío sacar la salsa del Barrio y situarla en el pop norteamericano, pero las críticas no fueron buenas.


La Fania tenía mayores ventas fuera de Estados Unidos y programó una gira mundial con Las Estrellas de Fania. Eran recibidos por los presidentes de los países y el público echaba abajo las puertas.


Rubén Blades migró a Estados Unidos en 1974, dejando su oficio de abogado. En 1977 grabó junto a Willie Colón, aportando sus letras sofisticadas, con contenido social y político. El disco Siembra fue un enorme terremoto, en un momento en que había problemas políticos en la calle y en la universidad.


Fue surgiendo una nueva oleada de creadores mientras que la relación entre Willie y Rubén se rompía y Lavoe perdia su batalla contra la droga, plasmada en El cantante. Las Estrellas fueron marchándose de La Fania y formando sus propias bandas. El propio Masucci estaba cansado y en 1979 La Fania dejó de producir.

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