lunes, 7 de febrero de 2011

Mentiras infantiles.

Para James Russell la conducta mentirosa exige dos habilidades cognitivas:

  1. Reconocer que puede haber creencias falsas implantadas en la mente de otros.
  2. Reprimir lo que uno sabe que es verdad mientras expresa lo que es falso.
    • Para ello es necesaria una estrategia.
Existe una competencia muy temprana para el engaño que está a punto antes de que el niño pueda justificar o explicar su comportamiento y que es independiente de la cultura. (Victoria Talwar).

Michael Chandler realizó un experimento con niños de 2 a 4 años. Comprobó que todos los grupos de edad engañaban y que los niños de esa edad pueden sostener a la vez dos modelos del mundo: uno verdadero y otro falso. La mayoría de los niños fueron incapaces de justificar sus acciones de engaño lo que permite distinguir entre una competencia intuitiva para el engaño y la facultad de razonar sobre dicho engaño.

Hacia los 4 años, los niños ya entienden que ciertas expresiones faciales deben ocultarse en ciertos contextos sociales. También aparece temprano la capacidad de mentir para encubrir transgresiones morales.

Las formas primitivas de engaño difieren de su expresión madura en dos ingredientes:
  • La teoría de la mente tiene un calendario de maduración que va hasta los 10 años. Por ello, los niños pequeños son chapuceros en sus engaños.
  • Tampoco está a pleno rendimiento el sistema ejecutivo que controla la acción y regula las emociones.

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